





Una cafetería registró los pedidos habituales y añadió, en la quinta visita, una muestra del grano recién llegado con una nota usando el nombre del cliente. El gesto elevó conversación en redes y repeticiones en horas pico. Coste mínimo, alto cariño. Replicable con fichas simples, reglas claras y stock de muestras rotativas, evitando agotamientos y manteniendo sorpresa sin perder consistencia ni depender de descuentos agresivos.
Un SaaS sustituyó descuentos recurrentes por dos micro‑perks escalonados: cola prioritaria para incidencias críticas y horas extras de uso mensual cuando el proyecto del cliente lo exigía. La percepción de cuidado aumentó recomendaciones y contratos anuales. La clave: criterios visibles, fairness entre planes y auditoría de costes por caso. Aprendizaje principal: reconocimiento funcional supera rebajas cuando el producto ya resuelve un dolor concreto.